Resumen Música Chilena 2022
Tras dos años de cuarentena la música nacional volvió a respirar en festivales y salas de conciertos, entre el primer reencuentro masivo en marzo durante Lollapalooza y la reactivación de la cartelera frecuente del Movistar Arena en junio. Pasada la incertidumbre sanitaria el circuito local volvió a donde estaba antes del 2020, sin grandes sorpresas y más flow que guitarras.
Un nuevo año marcado por las cifras de los solistas urbanos, como parte de un fenómeno global que parece haberse devorado las listas de reproducciones. Sin embargo, cualquier consumidor musical sabría que Marco Antonio Solis, Marc Anthony, Luis Miguel, Ricardo Arjona, Juan Luis Guerra, Maná o Romeo Santos siguen estando en la primera línea del negocio musical hispano, también con millones de fieles oyentes digitales y sin ver sus giras afectadas por el éxito de lanzamientos de moda como Bad Bunny, Karol G o Rosalía. Solo que al igual que el metal, el k-pop, rap, la electrónica, el world-music y otras corrientes con escenas propias también el mundo de la música popular se ha dividido, y al parecer no volverá a reencontrarse.
¿Qué sería triunfar en la música hoy por hoy? Algo que antiguamente se medía por las ventas, Discos de Platino y números de éxitos en listas del Billboard como para configurar algo así tipo “el éxito que todos escucharon” (y que a veces odiamos de tanto que se repetía). Pero con la era digital estos datos se han ido distorsionando todavía más porque la medición de reproducciones también tiene su trampa y así como antiguamente pasó con las radios “pagadas” (payola) por la gran industria, el número de escuchas actual no -necesariamente- es tan auténtico como se piensa. Las compañías grandes dominan las listas de lanzamientos de cada viernes y la plataforma cuela sus prioridades de interés en la mayor cantidad de playlist simultáneas (distribuyendo al mismo artista en distintas categorías), por lo que imponen sus temas a través de los “recomendados” de la aplicación, e independiente del gusto cada escucha suma como reproducción. Sin embargo no le restaría importancia al público, finalmente los verdaderos éxitos se desprenden porque la gente los comparte y vuelve a escuchar.
También otras de las trampas actuales son los feat, o colaboraciones, donde más que jugadas artísticas en su mayoría son temas producidos para sumar créditos entre proyectos, entonces algunos nombres emergentes triplican su número de oyentes por participar de otro tema de alguien más conocido, aunque a veces sea mínimamente o como parte de una canción colectiva donde figuran otras 30 voces (el caso la multitudinaria versión de ‘El derecho de vivir en paz’). Pero lo que importa en tiempos digitales es sumar números y que parezca que muchos te están escuchando aunque no sea por canciones propias. Entonces en esto hay mucho de apariencia.
Es un problema, por ejemplo, que tiene Paloma Mami que después de tres singles fulminantes (todavía sin álbum) a partir de su primer disco los números fueron cayendo y no resultó tan efectivo como se esperaba, hasta que recientemente la cantante multiplicó sus auditores por aparecer en un remix del hit ‘Ultrasolo’ de Polimá Westcoast (sumado a sus apariciones en temas de C Tangana, Ricky Martin y Major Lazer). Pero su equipo ha salido a informar que la joven marcó un “récord nacional” de escuchas mensuales cuando en realidad al menos la mitad de sus oyentes son de otros artistas. Y consiguen alguna repercusión en medios de prensa que copian y publican titulares sin ningún análisis ni verificación, y todo esto apoyado por las cuentas FANDOM de la cantante que son una fábrica de fake-news.
Además que los cálculos de Paloma Mami deberían estar sobre Estados Unidos -su principal mercado- y no en medirse con artistas de pop chileno que tienen bastante menos margen de audiencias (población). Por eso también es difícil comparar a Mon Laferte -como parte del mercado mexicano- con figuras nacionales como Cami o Denise Rosenthal que son artistas con contrato en Chile, un mercadillo que no puede competir con los ejecutivos y números de la industria yankee o azteca, y bastaría con mirar un mapa para entenderlo.
Pero lo peor que ha generado la plataforma es que algunas agregadoras (distribuidoras digitales) están forzando a sus artistas a regrabar o versionar éxitos propios para sumar escuchas entre las “novedades” de lanzamientos. Entonces tenemos la versión acústica, en vivo y con un feat del mismo tema, a veces con un resultado interesante pero en su mayoría bajando el nivel (ya no están los recursos de antes) y terminan desgastando la canción original. Lo de Manuel García con Joe Vasconcellos en la ‘Gran Capital’ es imperdonable y debe estar entre lo peor del año, con todo el respeto que merece la carrera de ambos, como Gepe que agotó su formula subiendo maquetas y versiones como estrenos. ¿Y cuántas veces más Saiko va a seguir regrabando sus mejores temas de hace 20 años? será porque sus canciones nuevas no mueven nada, mientras que Lucybell prende fuego a su discografía con un cover de 'Porque te quiero' (Los Ángeles Negros) que nadie pidió, y llegando atrasados a una idea que Los Tres, Los Tetas y Los Bunkers llevaron a cabo hace mucho.
A lo mejor para algunos sería más conveniente hacer como Los Tres que asumieron celebrar sus primeros discos y no esforzarse en producir otro álbum irrelevante (como ha pasado desde su regreso con ‘Hágalo usted mismo’ del 2006). Tal vez es más conveniente no esforzarse más de la cuenta (o capacidad) y que se concentren en cuidar su patrimonio musical por el que son conocidos (como trabajar en reediciones más cuidadas en vinilo en vez de discos prensados con el audio del CD).
Es la situación de Joe Vasconcellos, Lucybell, Chancho en Piedra, Gondwana, Beto Cuevas, Javiera & Los Imposibles, Saiko, Tiro de Gracia y toda su generación de bandas forjadas en la década de los 90 's que desde hace tiempo perdieron la facultad de renovación o asombro, como también la denominada generación del "Nuevo Pop Chileno" que rápidamente tocó techo, se estancó y agotó ideas (empantanados en el autoplagio: Gepe, Camila Moreno y Alex Anwandter) y la saturación de la "Nueva Cumbia Chilena" como otro movimiento dispuesto a vivir del recuerdo (Villa Cariño, Juanafe, Moral Distraída, etc).
Por su parte Mon Laferte sumó una segunda nominación al Grammy (anglo), después de competir en la edición pasada en la categoría de Álbum Regional Mexicano, está vez por su disco '1940 Carmen' (2021) como Mejor Álbum Rock Latino o Alternativo, misma categoría que el grupo La Ley ganó hace más de 20 años y por la que también han sido nominadas anteriormente Ana Tijoux, Melissa Aldana y Cami. Y Laferte también llenó grandes venues de Argentina, México, Chile y Perú además de giras por Estados Unidos y España en respaldo a su popularidad.
Al igual que Myriam Hernández, Mon Laferte lidera un tour de verdad, con entradas vendidas y público latino, no esas giras patrocinadas por Fondart tocando para amigos chilenos residentes (en su mayoría shows simbólicos promocionados como "éxito" o "conquista del viejo continente").
Aunque durante este 2022 no pareciera desprenderse un gran disco nacional y salvo por ‘Ultrasolo’ y ‘Una noche en Medellín’ no se despegaron éxitos fuera de sus escenas naturales. Pero vale la pena destacar el álbum de Cami ‘Anastasia’ por su veloz evolución y atreverse a hacer un disco de pop mezclando muchos estilos y casi sin tocar el comodín urbano, como también ‘Nocturna’ de Javiera Mena que podría considerarse su mejor álbum, o al menos el mejor definido de su catálogo electropop. Méritos aparte Congreso ('Luz de flash') y Myriam Hernández ('Sinergia') como dos marcas que han sabido mantener su estampa en sus nuevas grabaciones, siempre a la altura de sus impolutas trayectorias.
Por el contrario, Francisca Valenzuela ('Vida tan bonita') sigue sin liberarse de su personaje y vuelve a hacer otro disco desechable que tanto le agrada a las radios FM que no arriesgan nada y a su público fidelizado que espera más de lo mismo. En tanto Nicole ('Claroscuro') ha decepcionado con un disco plano y aburrido que difícilmente vaya a convencer fuera de los incondicionales más duros. Aunque lo de Francisca era predecible, a diferencia de Nicole que sorprende por el costalazo musical que se ha dado, sin embargo nunca tan bajo como la carrera solista y proyectos paralelos de Claudio Valenzuela que también estrenó el dúo CEDE demostrando que lo suyo no se sostiene fuera de la marca de Lucybell.
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